Shinya Tsukamoto es un autor bastante peculiar, de esos que "o te gusta mucho" o dices "madre mía del amor hermoso, en que me he metido".De hecho, él prefiere llamar a sus películas "entretenimiento de culto".

A los 14 años empieza a realizar cortos en 8mm. Tras finalizar sus estudios en Bellas Artes, se introduce en el mundo de la publicidad dirigiendo anuncios. Dos años después, deja el trabajo para concentrarse únicamente en actuar y dirigir. Durante los años 80 funda una compañía teatral llamada "Kaiju Theater", o lo que es lo mismo, el teatro de los monstruos" con la que presenta al público algunos de sus cortos.

En 1988 produce con esta misma compañía una de sus obras más conocidas, "Tetsuo", de las que hablaré dentro de poco. Con ella el público japonés cae rendido a sus pies, a la vez que se estremece cada vez que se estrena una de sus películas. Tsukamoto es considerado como uno de los realizadores más inquietantes del planeta, y suele recurrir a temas relacionados con seres mutantes y fantasmagóricos rozando siempre lo irreal. La obsesión es otro de sus temas más recurrentes, al igual que las reminiscencias procedentes del mundo del cyberpunk, el surrealismo, e incluso al manga y al anime. En su universo particular la carne y el metal se fusionan para crear una nueva forma orgánica, utilizando el cuerpo humano como un mero recipiente de una forma artística aún mejor. La carne como tal no significa gran cosa, pero cuando se fusiona con otros materiales, la cosa cambia...

Shinya Tsukamoto

Pero lo que no deja de ser cierto, es que el ingenio y la crítica que Tsukamoto infiere a sus trabajos no queda exenta de realismo y veracidad. Y es que, para ser sinceros, este buen hombre tiene una forma de narrar sus películas que deja un tanto que desear, pero tienen ese "no sé qué" que hace que te sumerjas en su universo y en esos personajes donde se mantiene la constante de la mutación del cuerpo humano (habitualmente combinándose con el metal).

La transformación del hombre en máquina vuelve a estar presente de una forma mucho más elaborada en Bullet Ballet, ya que en esta ocasión el contacto de la carne con el metal -en esta ocasión dicho elemento estará presente materializado en un arma de fuego, una pistola- lo que hace es convertir al hombre, a su mente, en una máquina de matar.

El protagonista, Goda -al que curiosamente da vida el propio Tsukamoto- es una persona normal y corriente de 30 años que mantiene una relación con su novia desde hace diez.

Su vida pega un cambio radical cuando un día al regresar del trabajo descubre que ésta se ha suicidado pegándose un tiro. Goda tratará entonces de ahogar su pena, el dolor y el vacío que su novia le ha dejado a través del alcohol.

En una de las borracheras que coge conoce a una joven drogadicta que está vinculada con una banda de gángsters llamada Chisato. Gracias a ella consigue su tan ansiado elemento, un revólver, y gracias a él, Goda se transformará en un implacable asesino. El mundo es culpable de su dolor, y debe de pagar por ello (aunque quizás no se dé cuenta de que él mismo tiene la respuesta a su desdicha)...

Es entonces cuando cabe preguntarse, ¿Hasta que punto llega un arma a cambiar la vida y la forma de ser de una persona? o más bien, ¿Cómo puede cambiar una persona cuando tiene en su poder un arma de fuego?...

Mezclando el surrealismo con planos rodados cámara en mano, con su correspondiente mareo para el espectador, al igual que lo sufre el propio protagonista, Tsukamoto nos muestra un Tokio distinto al habitual que tenemos en la memoria, dejado, sucio, lleno de bandas y delincuentes.

Todo aderezado con una magnífica fotografía, pues está rodada en blanco y negro para remarcar aún más esos contrastes, y con una banda sonora que casa perfectamente con la temática del film, compuesta por Chu Ishikawa.

Como digo, Tsukamoto es un tanto especial, pero lo que no se puede negar es que como transgresor no tiene precio. La película fue finalista del Gran Premio de Asturias (Festival de Gijón 1998) a la Mejor Película y del Premio Pantalla de Plata (Festival de Singapore 1999) a la Mejor Película Asiática, y se alzó con el Gran Premio del Jurado (Festival de Cine Fantástico de Suecia 1998) y el Premio del al Mejor Nuevo Talento (Festival de Yokohama2001).

Lo mejor: La crítica que podemos obtener de la película y ese modo que tiene Tsukamoto de plasmarla.

Lo peor: Que a partir de la mitad de la película, la cosa empieza a perder un poco el norte y se va de madre -después de una interesante, desde mi punto de vista- primera parte y una presentación y desarrollo de planteamientos que hubiesen terminado mejor-.

Desde Divisa han vuelto a poner en el mercado este título al increíble precio de 5,95 €.

Este que veis encima es el menú principal de la película (al que acompaña parte de la banda sonora de la película, y que seguro no será del gusto de todos -por lo estridente que puede llegar a ser-). Desde él podemos acceder a los diferentes apartados que contiene la edición: Ver película, Selección de Escenas, Selección de Idiomas y Extras.

En el apartado visual, la película cuenta con un formato de pantalla 16:9 y un formato de imagen 1.78:1. Si bien el formato es acertado, hay que decir que el entrelazado es bastante apreciable -según la pantalla y según la escena-.

En el apartado sonoro, citar que la película contiene dos pistas de audio en Dolby Digital Estéreo: Castellano y Japonés, con la opción de usar subtitulos en castellano. Como siempre, recomiendo optar por la versión original con subtitulos en castellano, por aquello de no perder los matices ni esas entonaciones de los personajes. Pero bueno, igualmente podéis optar por la versión doblada sin ningún problema.

Por último, la edición cuenta con unos contenidos extra (que no son tantos, todo hay que decirlo) donde encontraremos el Tráiler de la película y una reseña del director, acompañada por una filmografía del mismo.

Fuente: Divisa