Conocido como uno de los más grandes cineastas, Yasujiro Ozu pudo explorar a lo largo de sus 54 películas las posibilidades del cine mudo y sonoro, así como del blanco y negro y el color.

Caracterizado por su fidelidad reflejando los sentimientos humanos, trató en su obra diferentes asuntos que le acompañaron en toda su carrera entre los que se encuentra el retrato de la occidentalización de Japón.

En 1953 Yasujiro Ozu nos deleitó con una fantástica película que nos muestra, a modo de drama, que con el paso del tiempo y la distancia las relaciones familiares tienden a abandonarse. Y eso es algo que nadie puede evitar.

En esta sencilla trama se demuestra que las personas evolucionan tan rápido que entre las distintas generaciones se crea un vacío donde no tiene cabida la comunicación.

Nos situamos en el Japón de posguerra, concretamente en Onomichi, una ciudad portuaria cercana a Hiroshima. Allí viven Shukishi Hirayama (Chishu Ryu) y Tomi Hirayama (Chieko Higashiyama), una pareja mayor que decide viajar a Tokio para visitar al resto de sus hijos -ya que Kioko, que es profesora, vive en su misma ciudad-.

Un viaje donde la pareja de ancianos descubrirá que sus hijos han cambiado, como todos en aquella época, y donde cada vez va perdiendo más y más importancia el papel que tenía el núcleo familiar.

"Sus hijos se han convertido en buenas personas. Tienen ustedes mucha suerte..."

Cada uno vive su vida, los tiempos han cambiado tanto en el trabajo, como en la educación de los niños. El egoísmo es una de las críticas que más presentes están en la película. Comenzando por los propios nietos -uno de ellos no está de acuerdo en ceder el espacio de la casa que ocupa su mesa de estudios a sus abuelos, aunque no vaya a usarla- y pasando por los propios hijos, que ni siquiera tienen tiempo que dedicarle a sus propios padres y deciden que lo mejor es enviarlos a un balneario, mientras acuerdan los preparativos para meterlos en una residencia (la opción más económica).

De hecho, este egoísmo está más que simbolizado y exteriorizado en Shige, la hija peluquera -que su propio padre recuerda como más simpática-. Es una mujer borde, que sólo piensa en su propio beneficio, pedir sin dar nada a cambio. No duda en reconocerle a su propia madre que sigue estando gorda, cosa que le avergonzaba de pequeña delante de sus amigas; o en decir en cierto momento que sus padres son "unos amigos del campo", marcando la diferencia de clases que se daba.

De hecho, los hijos con el ritmo de vida que llevan, donde el trabajo cobra mayor importancia, no tienen tiempo ni siquiera para atender a sus padres.

Y aquí es donde entra en escena un personaje que, aún reconociéndose egoísta, tratará a los ancianos como si fueran reyes, no dudando en ofrecerles el mejor saque y la mejor comida, o perdiendo un día de trabajo para enseñarles la ciudad. Un día de trabajo que es el único día libre que se puede tomar y que le será descontado de su paga.

Un día que no hubiese tenido que perder si no fuera porque Shige la llamó diciéndole que estaba muy liada (mentira) y no podía ocuparse de ellos.

"¿Por qué les compras unas galletas tan caras? Ellos se hubieran conformado con algo más barato..."

Ese personaje es el de Noriko (Setsuko Hara), la nuera de los ancianos y mujer del hijo fallecido (desaparecido desde hace 8 años) en la guerra. Tal y como comenta uno de los personajes, amigo del padre al que hacía tiempo que no veía, 'Perder a un hijo debe de ser terrible, pero vivir con ellos tampoco debe ser fácil. Casi nunca sabes si haces bien o si haces mal. Es un dilema complicado'.

Pero no se trata sólo de remarcar las diferencias entras las distintas generaciones, como en este caso donde observamos a los abuelos, los hijos y los nietos; sino también de marcar las diferencias entre la evolución que sufrió la vida en el campo y las diferencias tan notables que había con respecto a la evolución en las ciudades y, sobre todo, de la incomunicación.

Algo que queda bastante claro cuando la anciana habla con su nieto pequeño mientras él, haciendo caso omiso a las palabras de su abuela -que le pregunta si será igual que su padre cuando sea mayor- se dedica a recoger hierba.

Un momento donde la abuela ya presagia que algo malo va a ocurrirle tal y como le confiesa a su nieto. 'Quien sabe donde estaré yo cuando tu seas grande'. Para ellos, ir a ver a sus hijos era algo bastante complicado, teniendo en cuenta la distancia que les separaba. Una distancia física (y después de personalidades) que se había visto acortada con un simple medio de locomoción, el tren. El llegar en dos días a su destino era algo impensable. No es de extrañar que una de las frases más destacadas de la película sea la que pronuncia la anciana:

"Tokio es tan grande que si nos perdemos, es posible que nunca volvamos a encontrarnos"

El desarraigo que sufren esos padres de los hijos que un día criaron es más que notable, aunque no es algo que se nos muestre de manera estridente, más bien lo contrario, plano a plano y con la brillantez que solo Ozu podía transmitir, nos iremos sintiendo desplazados, al igual que la pareja de ancianos. Y en este caso, el mero hecho de que la abuela enferme gravemente de la noche a la mañana mientras volvían a casa parece ser el punto que unirá a todos sus hijos de nuevo en el que un día fue su antiguo hogar.Un hogar donde recordar viejos momentos pasados, reunidos en la mesa. Pero ni por esas.

Da que pensar, quizás nosotros cuando lleguemos a viejos no queramos que nuestros hijos, por cambios de tiempos y mentalidades, nos traten así. Quizás todos queramos tener una nuera o yerno tan atentos como Noriko. Desde luego, lo que seguro no nos gustaría es encontrarnos con unos hijos que, nada más perder a su madre lleguen tarde a tal evento por motivos de trabajo -cosa que cada día sucede más, todo hay que decirlo- o que a espaldas de su padre se estén distribuyendo las posesiones (un chal o un kimono) de su propia madre antes de preparar las maletas para volver a su casa.

A modo de curiosidad, para aquellos que desconozcáis este dato, hay diversos tipos de planos en el cine (plano tres cuartos, plano general, primer plano, plano detalle, etc...) pero dentro de ellos hay un tipo de plano que debe su nombre al director que hoy tratamos. Se trata del llamado "Plano Ozu", tomado desde solamente unos 90 centímetros del suelo, es decir, desde el punto de vista de un adulto sentado sobre un tatami.

"Ya sé que te pasa, te consume la nostalgia. Volvamos a casa...Ahora sí que somos unos sin techo."

Gracias a las magníficas actuaciones de Chishu Ryu, Chiyeko Higashiyama, Setsuko Hara, So Yamamura, Haruko Sugimura, Kinoko Niyake y Kyoko Kagawa, entre otros, como podréis ver en la película Ozu no necesitó más que unas buenas composiciones del entorno, los decorados y unos planos fijos con la cámara estática para conseguir transmitir todo lo que os hemos contado.

De una manera muy sutil supo tratar temas como la familia de clase media japonesa y las diferencias y tensiones entre las diferentes generaciones.

Si a eso sumamos la brillante fotografía de la película, gracias a Yuharu Atsuda y el montaje de Yoshiyasu Hamamura, nos encontraremos con una magnífica película a nivel técnico. La banda sonora fue compuesta por Kojun Saitô y el guión fue obra del propio Yasujiro Ozu junto a Kôgo Noda.

Sin duda, 'Cuentos de Tokio' es una película que no podéis perderos. Haceros un hueco y disfrutad de este cine, tranquilo, de un ritmo diferente, sosegado, y dejaros llevar por la fantástica historia de Ozu.

Gracias a la distribuidora Emon y coincidiendo con el centenario del nacimiento de Yasujiro Ozu (Tokio, 1903-1963) se editaron en España dos de sus títulos más aclamados: Cuentos de Tokio (1953), en blanco y negro, y Buenos días (1958), en color.

Una fantástica película que no puede faltar en la filmoteca de cualquier aficionado al cine -y particularmente del cine asiático-. Al igual que Kurosawa o Mizoguchi, Ozu es uno de los grandes exponentes del cine nipón y cuyas películas han servido de ejemplo para muchas otras que con el tiempo fueron y seguirán llegando.


Podéis haceros con ella en Amazon.es (DVD).


  • MENÚ PRINCIPAL:

El menú de inicio ha sido dividido en cuatro apartados principales: Ver películaSelección de Idiomas, Selección de Escenas y Contenidos Extra. Si bien el tono verdoso no termina de convencernos, es algo meramente llamativo que no molesta en todo caso a la edición (otros títulos destacaban tonalidades azules o rosas, por citar un ejemplo).

  • APARTADO VISUAL: La película, rodada en blanco y negro, viene presentada en un formato de pantalla 4:3, con un formato de imagen de 1.33:1. Se nos avisa de que debido a la antigüedad de la película y a la voluntad del editor por mantener su carácter original, pueden detectarse pequeñas anomalías durante la visión del metraje. Quitando una pequeña ralentización de dos segundos y que, obviamente, durante casi toda la película se aprecian mínimos arañazos del fotograma, por lo demás no podemos decir que sea una mala copia. Se ve bastante bien.
  • APARTADO SONORO:

La edición cuenta dos pistas de audio presentadas en Dolby Digital 2.0 Stereo: Castellano y Japonés. El doblaje es bastante acorde con sus personajes. Aunque las voces en versión original tampoco están nada mal -y así de paso podéis aprender alguna que otra palabra en japonés-.

Como siempre, sea cual sea la pista que seleccionéis para el visionado, siempre podéis añadirle los subtitulos en Castellano para no perderos nada.

  • SELECCIÓN DE ESCENAS:

Desde este apartado podemos acceder a cualquiera de las 12 escenas en que ha sido dividida la película: El viaje, Reunión familiar, Excursión frustrada, En Tokio con Noriko, El balneario, Debemos volver, Viejos amigos, El regreso, Mamá está enferma, No hay esperanza, Un amanecer bonito y La vida debe seguir.

  • CONTENIDOS EXTRA:

Como Contenidos extra la edición cuenta con una Biografía y Filmografía de Yasujiro Ozu, Biofilmografías del elenco de actores y actrices, Ficha técnica, Sinopsis de la película, Ficha artística, Curiosidades, Galería de fotos y Otros títulos.

  • OTROS TÍTULOS:

Por último como complemento podremos ver los Tráilers de otros títulos como: Cosas que nunca te dije, Zu Warriors, La pelota vasca o Bienvenidos a Belleville.

Con una duración de 136 minutos, 'Cuentos de Tokio' ha recibido una calificación de 'Apta para todos los públicos'.

Fuente: Emon